Defensa de la Arquitectura Anónima o la Creación de una Clase Media de Arquitectos PDF Imprimir Correo

 

En este notable Artículo (originalmente presentado como Ponencia en el “Encuentro de Caburgua” de 1984), García, Dominguez y Strabucci -en ese entonces estudiantes de Arquitectura y creadores de la Revista Contrapropuesta-  claman por una arquitectura convencional, sin invención ni artificio. Una arquitectura más simple, sin innovación, menos rebuscada. Una arquitectura como oficio silencioso, que implicaría un cambio en la forma en que se desarrollan las Escuelas de Arquitectura.

 


 

 

Iniciaremos la defensa de una orientación nueva, aunque antigua. Estamos convencidos de que el estudio y el análisis de la Arquitectura debería extenderse, y que su importancia es fundamental; una posición de este tipo debería iluminar también nuestros propios proyectos, y deberíamos estar en condiciones de formular claramente de qué arquitectura nace nuestra Arquitectura. Y aquí se incluye también el problema de la opción que constituye el carácter decisivo de la proyectación.

 

 

La opción presupone unos términos fijos de la Arquitectura, unos elementos definidos que constituyen un discurso objetivo; los monumentos Romanos, los palacios del Renacimiento, los castillos, las catedrales Góticas, constituyen la Arquitectura: son parte de su construcción. Como tales, reaparecerán siempre, no sólo y no tanto como historia y memoria, sino como elementos de la proyectación. Se pueden destruir y reconstruir, se pueden rediseñar o inventar: son elementos de una realidad segura.

 

 

Los arquitectos de hoy, en su apremio visionario de inventar técnicas nuevas, han descuidado su obligación de ser expertos en las convenciones existentes, refugiándose en el individualismo artístico y su propia invención formal.

 

La idea de que cualquier repetición, cualquier copia, cualquier empleo de un modelo precedente o físico sea una falta de empeño creativo es una de las instituciones básicas del movimiento moderno. Se trata, en esencia, del convencimiento de que la repetición aboca al convencionalismo y de que el convencionalismo genera insensibilidad. En consecuencia, la arquitectura moderna, casi por definición, se ha opuesto a la dictadura de las cosas aceptadas pasivamente. Oponiéndose a la imposición de un sistema apriorístico sobre la multiplicidad y pluriformidad de los hechos, ha dado por el contrario, un valor preeminente al “descubrimiento” que, según una de sus características, nunca ha querido reconocer como la “invención”. Sin embargo, sabemos que sin una constante comprensión de los errores y los esfuerzos humanos que ello implica, sin una continua habilidad de crear y destruir términos de referencia, es absolutamente imposible penetrar y ocupar aquellos territorios de la mente donde sólo la creación significativa reina y florece…

 

Nuestra intención al subrayar esto no es defender una vuelta a una arquitectura que acepte la tradición irreflexivamente. Esto implicaría una relación fija e inmutable entre las formas y los significados. La característica de nuestra época es el cambio, y es precisamente por ello por lo que es necesario investigar el papel que pueden jugar las soluciones-tipo en relación con los problemas nuevos.

 

 

Queremos recalcar aquí la importancia del “conocimiento en arquitectura” en contraposición con la “invención”: que la arquitectura enseñe como un oficio donde la creación del arquitecto este regida por la “convención” más que por la “innovación”, como punto de partida. Vemos por ejemplo, al trabajo de proyectación proponerse de nuevo como trabajo artesanal. La paciencia ingeniosa y tal vez la falta de inspiración del artesano, su natural precisión, como hechos positivos. No quisiéramos se mal interpretados: proyectar es una “búsqueda paciente”. El trabajo artesanal es un trabajo sin prisa, le son ajenos los cambios bruscos dictados por las circunstancias; es tal vez un trabajo sin ímpetu, pero ininterrumpido. Es la paciente reconstrucción de lo que destaca en las cosas ya conocidas, un proceder ordenado que reencuentra la sutileza en las diferencias. Asumir la uniformidad es desarrollar una notable sensibilidad hacia una sola dirección, ya que es necesario concentrar toda la atención en las cosas que se parecen para poder captar todas las sutiles diferencias. Este es el límite que caracteriza a la uniformidad y también al orden. El trabajo artesanal es un trabajo que se realiza con calma y la atención que ya son necesarias para recoger los hilos de una obra ya empezada que encuentra en el futuro, nuevo espacio para crecer y para reconocer sus propias leyes, pero también es un trabajo que deriva del hecho de conocer sus contornos con familiaridad. Es por esto un trabajo que tiene límites bien claros y precisamente en la conciencia de tales límites está la posibilidad de superarlos. Vemos entonces al arquitecto como en un cuento de Conrad: “… yo soy como un carpintero loco que hace una caja: incluso si éste está convencido de ser el rey de Jerusalén, hace siempre la caja según las reglas de oficio”.

 

 

“El talento, aquello de que viven los que al arte se aplican, y los que no lo tienen devanan en fingirlo e inventarlo, SI SE TIENE ha de invertirse para adquirir el oficio, y no brillar. Pues el talento es, a semejanza del dinero, aquello con que ha de PAGARSE lo que se adquiere; y lo que se pueda humana e inteligentemente adquirir no es el arte, sino inequívoca y fundamentalmente un oficio. Hay en todo esto mucha confusión. Habría que comenzar a salir de ella. No se puede guardar una manzana indefinidamente, se pudre; lo mejor es sembrarla y, si hay condiciones, se desarrollara la planta”. Juan Borchers.

 

Queremos dar a entender con esto nuestro deseo de orientar la formación de las escuelas de Arquitectura hacia una educación despersonalizada, preocupada ante todo del conocimiento de la arquitectura, de impartir un oficio, entendiéndolo como un discurso riguroso sobre la proyectación arquitectónica basado en fundamentos lógicos. Creemos en la posibilidad de una enseñanza que está totalmente comprendida en un sistema y en la que el mundo de las formas es tan lógico y preciso como cualquier otro aspecto del hecho arquitectónico, y considerar esto como significado transmisible de la arquitectura, al igual que cualquier otra forma del pensamiento.

 

Nos parece que la tarea de una escuela no es la de desarrollar direcciones personales de investigación, sino la de construir cabalmente una “base común” que se despersonalice en lo que nosotros llamamos “clase media”, una clase media subordinada al conocimiento, que sólo tendrá la ilusión de libertad en la medida que lo supere.

 

Según Rossi, se puede educar a un arquitecto en una forma completa de composición arquitectónica, pero se le ha de dejar necesariamente libre, ante las responsabilidad personal de la opción. Esta responsabilidad personal, que es lo que les falta a los mediocres, en el artista se convierte en una necesidad, en el elemento que permite poner en primer plano la acepción personal de la experiencia. Pero, sin duda es necesario que la escuela fije cierto s criterios de investigación:

 

 

En primer lugar, nuestra atención no se puede limitar a los edificios “notables” de la historia; ello reduciría la realidad de la arquitectura a una galería de edificios ilustres. Nuestra intención debe estar dirigida a toda la realidad construida y material de la arquitectura, todo el campo de experiencias de la construcción humana: del monumento de la vivienda, de la ciudad a la transformación del marco natural.

 

 

Dentro de esta realidad total, sin embargo, -y esto es un segundo punto que se ha de poner en evidencia- es necesario buscar una estructura de hechos, no haciendo una lectura indiscriminada “a golpe de vista”, sino considerando la diversidad de sus funciones y sus significados. Esto quiere decir, por ejemplo, proponer un análisis de la ciudad que advierta su efectiva implantación formal, señalando la relación entre los elementos de permanencia y los elementos de transformación. Esto quiere decir, además, reconocer la diversidad de función y de importancia  entre los edificios, viendo como algunos de ellos pueden ser oportunidades reales de  progreso de la teoría o de la disciplina, oportunidad de afirmación material de nuevos caracteres típicos, que se convierten en referencia y en elementos didácticos para cualquier desarrollo sucesivo.

 

Un tercer punto fundamental, es el de dar la máxima evidencia, en el estudio de la arquitectura, al hecho de que ésta no se construye ni se desarrolla en el tiempo de modo casual, sino repitiendo determinados caracteres y aspectos, que tiene precisamente un carácter de “recurrencia”, de “tipicidad”. El considerar de modo prioritario los aspectos típicos y recurrentes de la arquitectura, y no los aspectos singulares e irrepetibles, constituye otra opción de fondo de un método no idealista, sino materialista y dialéctico.

 

 

En general, creemos que técnicas como la citación o el “collage” no pueden ser tachadas de opciones negativas en sí mismas; depende del sentido concreto que asuman en el proceso de construcción del proyecto. Pueden tener un significado particularista y basarse en el romanticismo del sentimiento, pero también pueden tener un sentido diferente e instrumental; el recurso a una imagen de referencia sirve entonces para precisar una idea arquitectónica.

 

Estamos convencidos de que una escuela, para serlo, para una formación coherente, debe definir métodos concretos y realistas de proceder. Esto significa, explicitar operaciones, encuadrarlas en un esquema definido e irrepetible. Estas operaciones se va definiendo gradualmente, de manera siempre más precisa, a través de la relación con la ciudad, la referencia a los tipos, y la relación con la historia. Sobre esta base, creemos que un objeto serio e importante es realizar “manuales”, que ilustren este proceso o lo exhiban por media de la evidencia de arquitecturas dibujadas. La manualística no constituye –como algunos creen- un hecho negativo en sí; lo es cuando se convierte en una rigidización arbitraria de normas, sin relación con la realidad; no cuando es una búsqueda común basada de forma compleja en la referencia a lo real. Sabemos cuál es la objeción recurrente; el hecho de definir un criterio y una regla podría rigidizar el resultado del proyecto, y por consiguiente entraría en contradicción con la liberta de invención y la individualidad de la investigación formal. Pero, sin embargo, creemos que si basamos la proyectación en el tipo y las reglas encontraremos la racionalidad del tipo, definiremos las reglas, y permaneceremos así abiertos a distintas concreciones.

 

Creemos, por último, que una formación de este tipo, será capaz de generar una “clase media” de arquitectos que no pretendan brillar a través de sus innovaciones, sino permanecer en el anonimato en el perfeccionamiento de los distintos modelos. Siendo capaces de construir así una ciudad mas allá de sus grandes monumentos ya aceptados como tales, esté configurada por una arquitectura de construcciones cotidianas, que no pretenden destacar por su singularidad; obras desconocidas en su conjunto y sin aspavientos logren estructurar una ciudad culta y con urbanidad.

 


 


Nota de los Autores

Queremos dejar constancia de que lo anteriormente expuestos no es más que una idea personal apoyada por un método “collage”, que sin respetar estrictamente el contexto en que se plantean, reúne los siguiente escritos:

1. ARQUITECTURA RACIONAL  Aldo Rossi et al Alianza Editorial. Madrid 1979

-      C.3  La poryectación en las Escuelas de Arquitectura. D. Vitale

2. LA ARQUITECTURA COMO OFICIO Y OTROS ESCRITOS. Giorgio Grassi. Ed. G.G. Barcelona, 1980

-     Prologo: J.I. Linazasoro.

-     C.5 La Arquitectura como Oficio

3.   PARA UNA ARQUITECTURA DE TENDENCIA. Aldo Rossi, Ed. G. Gili, Barcelona, 1977.

-     Arquitectura de los Museos.

4.   MANIERISMO Y ARQUITECTURA MODERNA Y OTROS ENSAYOS. Colin Rowe. ED. G.G. Barcelona, 1980.

5.   INSTITUCION ARQUITECTONICA.  Juan Borchers. Ed. Andrés Bello, Santiago, 1968.

-     Meditación del alfarero

6.   COMPLEJIDAD Y CONTRADICCION EN ARQUITECTURA. Roberto Venturi. Ed. G.G. Barcelona, 1978.

 

 

 


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