En Viaje: Centro Direccional en Perugia, de Aldo Rossi. PDF Imprimir Correo

 

En “Docoposmo en Viaje” les mostraremos las obras posmo, según el punto de vista de quienes han estado en ellas. En este artículo, Marcelo Cox nos habla a partir de su visita al “Centro Direccional” de Perugia de Aldo Rossi, una de las obras más características del fallecido arquitecto italiano.

 


 

 

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“Y el momento máximo de la medida del arquitecto será una vez más el monumento, precisamente porque el monumento es el signo último de una realidad más compleja; es la cifra con la cual leemos lo que no se puede decir de otra manera; pertenece a la biografía del artista y a la historia de la sociedad”<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->

 

 

Ubicado frente a una de las estaciones de trenes de la ciudad de Perugia, el Centro Direccional de Fontivegge se posiciona como punto de entrada a la ciudad, generando una plaza desde la cual se contempla e irguiéndose como icono. Para entender las cualidades de la obra, se hace necesario primero entender dos conceptos claves en la obra construida y teórica de Rossi: el Locus y el Monumento.

 

1. El Locus. El lugar, entendido como el contexto tanto físico como espiritual en que se emplaza cualquier construcción, y que posee dotaciones particulares que deben informar esa construcción, es señalado por Rossi como elemento clave, definiéndole como “aquella relación singular y sin embargo universal que existe entre cierta situación local y las construcciones que están en aquel lugar”<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->. El Locus es a la vez el valor de lo preexistente y la manera en que cada nuevo edificio se inserta en esas preexistencias redefiniéndolas y trabajando con ellas más que sobre ellas, generando una relación definida y bilateral con el entorno.

 

2. El Monumento. Si bien cada construcción debe recoger la situación sobre la cual se emplaza, a la vez se erige como punto singular dentro de esa situación, de ese ambiente al cual se contrapone. El Monumento es, entonces, aquella obra que es capaz de establecerse como una individualidad recogiendo el contexto, o, en este caso, la ciudad, de tal manera que “la forma arquitectónica de la ciudad es ejemplar en cada monumento, cada uno de los cuales es una individualidad en sí”<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]-->. El monumento es aquella pieza de la trama urbana que reúne en torno a sí el locus, estableciéndose como signo y acontecimiento de la ciudad; signo que permite leer en sí las lógicas y realidades escondidas del lugar en que se inserta. 

 

 

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El Centro Direccional como Monumento.

 

Instalándose como majestuosa puerta de entrada a la medieval ciudad de Perugia, ubicada en la Umbría italiana y marcada por sus cerros y lomajes, el Centro Direccional se erige como el primer hito a la vista, tanto por su imponente escala como por la manera en que se retranquea generando una plazoleta peatonal desde la cual se percibe el edificio. Además, el conjunto se transforma en una especie de ventana desde la cual se percibe el resto del centro de la ciudad y se hacen evidentes las relaciones entre las distintas construcciones que conforman el lugar. Monumento posmoderno en todo su esplendor donde un sutil ejercicio de estilo rescata las tradicionales formas y organizaciones de la arquitectura clásica: un cuerpo central ciego que se erige imponente sobre delgados y altos pilares es coronado por el reloj y escoltado por dos edificios laterales ordenados según una base, un cuerpo y un remate; de tal manera que, tal como dice Rossi, es el estilo el que termina por conformar una idea de ciudad (“sólo la existencia de un estilo arquitectónico puede permitir elecciones originales: de estas elecciones originales crece la ciudad”<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]-->). Por otro lado, la experiencia del locus se hace clara por cuanto el conjunto da una idea de lo que deparará el recorrer la ciudad, además de la manera en que se yergue como monumento singular, como individualidad que recoge ese locus y lo hace evidente en sí mismo. Una obra que rescata la esencia del lugar y la historia en la que se inserta, donde el signo sobrepasa a la función y la manera en que se percibe el edificio es más importante que la manera en que se ocupa, de tal forma que es la fachada, esencialmente, quien define la forma. El  funcionalismo puro ha sido derrocado y el racionalismo de la era de la máquina ha sido dejado de lado en aras de generar una obra que sea ante todo reflejo de lo que le rodea. La sugerente ventana cuadrada, fácilmente interpretable por el espectador promedio, ha derrocado a la ventana corrida, máxima expresión de la tan anhelada transparencia de la era de la máquina; y los pilotis, frágiles esquifes que posan virginalmente las cajas modernas sobre el paraje, han cedido el paso a grandes pilares que se insertan en el sitio marcando el acceso y ordenando la fachada. Finalmente la racional, objetiva e incomprensible cruzada moderna ha sido vencida por la simbólica, subjetiva y casi fácilmente digerible monumentalidad posmoderna. La arquitectura de la razón ha sido derrocada por la arquitectura de la percepción y de la experiencia, al punto de que “la función no es más que un instrumento frente a la experiencia de la arquitectura” <!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]-->.

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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> ROSSI, Aldo. “Para una Arquitectura de Tendencia. Escritos: 1956-1972”, Ed. Gustavo Gili, p. 20.

<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> ROSSI, Aldo. “La Arquitectura de la Ciudad”. Ed. Gustavo Gili, p. 185

 

 


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